Crónica BUENAS MEDIDAS

El 29 de octubre se celebró otra elección de reinas en Perú y las candidatas, a la hora de presentar sus medidas, se refirieron a las cifras del femicidio en su país.
En el segmento en que pasaban presentándose, una a una, con absoluta seriedad expresaron números pero en frases dolorosas sobre la realidad peruana: “Soy mengana y mis medidas son los 2.202 femicidios registrados en los últimos 9 años en Perú”, “Soy fulana y mis medida son una niña muerta cada 10 minutos por explotación sexual”, “81% de agresores a niños menores de cinco años son cercanos a la familia”, lanzó otra, y así, las 20 candidatas, pusieron sobre el tapete las cifras tremendas, que se replican en cualquier lugar del globo.
Las concursantes hablaron sobre violencia física, psicológica, abuso sexual, acoso y explotación sexual, entre otros temas.
Miles de peruanos se sorprendieron que en un concurso de belleza, haya entrado finalmente el tema de la violencia contra la mujer . Luego, lo hizo el mundo entero, cuando se viralizó el video, como si no fuera una gran violencia disfrazada de halagos esa puesta en escena de los concursos.
El tema da para varias lecturas porque, en realidad no fue una iniciativa de las chicas, sino de los organizadores del concurso, según comentó Luciana Olivares, autora de la campaña y gerente de Estrategia y Contenido de Latina, el canal que transmitió, que decidieron transformar el certámen.
La campaña fue impactante y aunque desilusiona un poco saber que fue una “estrategia del canal”, es interesante que se utilicen estos sitios de tradicional exposición de las mujeres para causas más nobles.
Y también para mostrar a la sociedad que las mujeres pueden hacer flamear las banderas del feminismo, sin por ello renunciar a la belleza.
Parece contradictorio, si uno piensa que luego el concurso siguió su curso normal. Sin embargo, esas mujeres engalanadas dijeron claramente: “Sí, admírennos, somos hermosas…pero ni eso ni nada, les da derecho a violentarnos”
Los concursos de reinas de belleza parecen estar tatuados a fuego en el imaginario colectivo. Quizás, entonces, la alternativa no sea prohibirlos, porque se reproducen. La estrategia – posiblemente- sea modernizarlos con contenidos que hagan reflexionar a las sociedades.
Perú hizo la punta, fue un hecho marketinero, pero cumplió su objetivo: visibilizar a través del poder de la belleza las oscuridades que aún acechan a las mujeres, en pleno siglo XXI.
Clara y vistosamente usaron sus atributos de otro modo.
El sutil vaivén de las caderas de las reinas, nos habló también de que el feminismo no está reñido con la femineidad, como se pretende instalar.
Para los que aún temen a esa palabra, la confunden y la hacen sinónimo de vandalismos varios. Nada más injusto, pues el feminismo solo busca la semejanza de derechos, aunque en sus filas se enrolen algunos fanatismos, que por otra parte, no están ausentes de ninguna ideología o creencia.

(Patricia Patocco, 2 de noviembre de 2017)