María Casiraghi
ETERNO VIAJE DE LA PALABRA

María Casiraghi es poeta, narradora y periodista.

Una voz joven que explora intensamente muchas formas del decir con una ductilidad, forjada por el estudio pero sobre todo por la vida y la práctica incesante de la palabra en todas sus formas. Su producción tiene la serenidad y la fuerza de quien vive intensamente, navegando en aguas profundas con dulzura descarnada. Sus temas son los temas de la vida: los afectos, el desamor, la rebeldía, la maternidad, el amor, y de solo leerla, nos damos cuenta que las denuncias sociales, la naturaleza y la causa de las mujeres también, entre varios otros.

Nació en Buenos Aires, en 1977 y allí es donde vive, aunque va y viene fascinada por los viajes que la han llevado desde adolescente por lugares recónditos del país y del mundo, de donde han surgido poemas impactantes. Es autora- hasta ahora- de siete poemarios. Como periodista, escribió Retratos, Patagonia Sur y Patagonia Sur- Santa Cruz-Argentina (GAC, 2000), junto a la fotógrafa Marta Caorsi. En narrativa, publicó el libro de relatos Nomadía (Monte Ávila, Caracas, Venezuela) con el que recibió la Mención Honorífica Premio especial Ricardo Rojas en género cuento y novela bienio 2009-2012, y la novela Otro dios ha muerto (2015, Alción, Córdoba, Argentina). Ha traducido libros de viajeros naturalistas europeos de fines de Siglo XIX por la Patagonia, entre ellos Wilds of Patagonia, de Karl Skottsberg y Wanderings in Patagonia, de Julius Beerbohm (Editorial Sagier y Urruty, Buenos Aires, 2003).

La pandemia y la larga cuarentena la tiene como a todo el mundo encerrada. Pero no ha sido mella para que emprenda viajes interiores, que le permiten seguir con la pasión de la escritura, flotando en el devenir de la vida misma.

Unida a Salta por lazos de amor y de amistad, ha venido muchas veces a nuestra tierra. Esta vez charlamos largamente con ella, a través de los diversos medios que permite la tecnología y también a través del recuerdo de poetas amigas admiradas.

La presentamos con uno de sus poemas del libro Loba de Mar ( 2013)

VACA DE MATADERO

No me llamen sagrada

vaca de matadero

diosa de la india.

 

No espíen mi diario íntimo

el de la niñez

el del candado de plata

y hojas rosadas.

 

No me saquen del mar

dejen mi cuerpo ardiendo

entre aguas vivas.

 

No me juzguen

si olvido a todos cuando viajo.

 

No me digan puta.

 

No me escriban cartas de amor

si no conocen mi primera lluvia

la de atrás del muro

la del vecino que nunca me amó.

 

Ni me llamen mala madre

mala esposa

 

mala vaca.

 

No se rían si bailo sordomuda.

– ¿Cómo estás viviendo estos meses de pandemia, te encuentran escribiendo?

– Toda pausa es una oportunidad de creación. Curiosamente, hace un año escribí un poema que se titula “Yo te congelo, tiempo” donde los versos sentenciaban al mundo a detenerse por completo y expresaban la imperiosa necesidad de anular su curso cotidiano para poder simplemente flotar en el agua de los días. Parecía que estaba anticipando lo que finalmente sucedió. Pero naturalmente no anhelaba esta tragedia que paralelamente significó en otro sentido, un alto que el planeta estaba pidiendo a gritos.. Pero volviendo a tu pregunta, sí, estoy escribiendo. Terminé de cerrar dos poemarios, e inauguré uno nuevo, bastante delirante, de poemas absolutamente libres que voy soltando en el momento en que se me ocurre, aunque generalmente es por la mañana. También retomé un libro de relatos que había empezado hace un año, pero lamentablemente todo este impulso fue más intenso al comenzar la cuarentena, y si soy sincera, estos días me está costando enfocarme, preparar el cuerpo y el alma para escribir; todo me dispersa.

– Sos periodista, narradora y poeta…todo eso, ¿en qué orden en tu corazón?

– Voy a transcribirte el texto de un posteo que hice en Instagram hace unas semanas, que responde justamente a esta pregunta que ya me han hecho en otras ocasiones, y que me ha obligado a reflexionar en este sentido y entender un poco más quién soy. “En mi currículum declaro: poeta, narradora y periodista. En ese orden. Poeta primero, porque la poesía atraviesa todo lo que escribo. En mis comienzos, a mis artículos periodísticos los rechazaban por líricos, y no podía escribir un cuento sin que deviniera en poema. Con los años aprendí a darle a cada género el tono que el género exige. Así y todo, mi prosa nace de la poesía y de ella se alimenta. Igual que me alimento yo”.

– ¿Te resulta sencillo a la hora de la escritura, separar esas aguas de la palabra, esos géneros?

– Sencillo nunca es, pero puedo decir que cada vez se me vuelve más claro. Ante cualquier disparador de creación (escena, imagen, recuerdo, reflexión, revelación) enseguida reconozco si va para narración o para poema, o incluso para una crónica. El género periodístico lo tengo un poco abandonado últimamente, estoy volcada a la literatura; las ultimas notas que hice fueron notas de viaje, para la revista Lugares, y ahí me quedé. La realidad es que en la ficción y la poesía me encuentro más a mí misma, me identifico con la libertad de imaginación que ofrece la narrativa, y en el caso de la poesía, siento al escribir que el mundo entero se me abre como un infinito abanico. Me apasiona el instante en que me siento para empezar a soltar las primeras palabras y no sé a dónde voy, y es el lenguaje el que hace todo el trabajo y allana el camino, el lenguaje me abre la cabeza. Cuando escribo poemas siento un movimiento dual: por un lado aterrizo, por el otro, despego.

PRETERITOS III

(A Tristana Castilla y Lourdes Torasso)

Íbamos a verla

agua de tetas grandes

íbamos a sentarnos en su mano blanda

 

Ibamos a salir corriendo

como estepas

 

Ïbamos a ser tantas cosas

(íbamos a vivir)

 

Pero el polvo nos tapó la boca

secó el mar

cegó nuestro útero

y el útero del planeta

 

sigan pariendo

mujeres

nos dicen

el mundo necesita placentas.

 

Y justo cuando el presente

empieza a parecerse al futuro

nos quieren meter a golpes

por la sangre su perversa melancolía.

 

No saben que sólo florecemos

al arder ese es nuestro rol

 

antes nos quemaban

ahora

somos nosotras

el fuego

 

– Sos joven pero ya tenés muchos libros publicados, ¿cómo logras esa velocidad de producción y publicación?

– No tengo idea de cómo sucede, pero la realidad es que escribo mucho. Tengo períodos más fértiles que otros, pero en general, si me siento a escribir, algo sale, a veces llego a escribir muchos poemas en una mañana. He llegado a pensar que los días en los que no escribo, algo quedará para siempre sin decir, oculto, y me castigo un poco si dejo pasar el momento de escritura, son instantes sagrados para mí. Y una cosa que hago es que cada vez que publico un libro, debo tener ya otro empezado, eso me mantiene siempre activa y entusiasmada.

 

– En tu obra poética abordás muchos temas y muy diferentes, ¿cómo ha sido esa evolución de intereses a lo largo del tiempo?

– En términos generales, en los distintos géneros con los que experimenté, me fui guiando por lo que en cada momento de mi vida me interpelaba, emocionaba, u obsesionaba.

En poesía, tengo siete libros editados, y fueron escritos con mucha lealtad a las inquietudes que me atravesaban: la soledad, la incomprensión, los vínculos parentales en Escamas del silencio; la ciudad, fragmentación y paradojas en Turbanidad; la maternidad y todo lo que eso conlleva, lo bello y terrible en Décima luna; el desamor, la rebeldía, el olvido, la infancia, los desmembramientos familiares, la mujer, en Loba de mar; la noche, la vigilia, las revelaciones oníricas, denuncias sociales, en Albanegra. En el caso de Cóndor, nació de una serie de viajes al Perú donde me asaltó la necesidad de indagar en esa criatura sublime, redentora y a la vez monstruosa que representa al continente que amo. Finalmente los poemas de Música griega despuntan en Grecia pero luego se abren y extienden a un viaje por el origen, a desandar mandatos, la memoria ancestral, lo femenino, la maternidad, y siempre, la muerte. Quizás el elemento humano sea el común a todos mis libros: los vínculos, las relaciones, constituyen un tema recurrente, incluso Cóndor en última instancia habla de nosotros, los hombres, en relación a este animal, y a su mensaje.

En narrativa, por el momento, todo lo que he publicado ha tenido que ver con un largo y maravilloso viaje por la Patagonia que hice a mis 22 años, con la fotógrafa santacruceña Marta Caorsi, que fue mi primer trabajo periodístico importante del que nacieron dos libros: uno de flora, fauna y paisajes y el otro de retratos, de habitantes a los que fui entrevistando a lo largo de esos 6 meses de recorrido. Pero esta experiencia fue tan enriquecedora que no podía terminar ahí. De ella surgieron posteriormente dos libros más: Nomadía (relatos mínimos de Patagonia, donde entrecruzo la crónica y la ficción) y una novela Otro dios ha muerto, basada en la vida de Petrona Prane, una mujer mapuche que me deslumbró, a quien quise mucho y a quien espero haber hecho justicia con mi relato. Como verás, otra vez el impulsor de mi escritura es la vida humana. Nomadia tiene un epígrafe de Soren Kierkegaard que dice “Ya no es superfluo ningún hombre; pues todo individuo es él mismo y la especie”. Podría replicarlo como epígrafe de todo lo que he escrito.

 

Cuando un cóndor se lanza al aire

toda ley es vieja

 

la gravedad

desaparece

 

y el universo pierde una certeza

                                   ( de Cóndor. Alción Editora)

– ¿Qué te inspira para la creación?

– En poesía, la mayoría de las veces no tengo un tema previo, me siento y empiezo a mirar alrededor, a observar primero lo que tengo a mi vista y pueden surgir poemas desde lo inmediato o flotar en la memoria de las emociones, y comienzan a aparecer imágenes de todo tipo con las que comulgo. Juego mucho con el inconsciente, pero lo extraño es que uno al inconsciente lo va educando. En mis comienzos, de todo lo que escribía rescataba sólo algunos versos y después los trabajaba para poemas, pero con el tiempo, esto fue cambiando, como si hubiese aprendido a guiarlo y entonces lo que escribo ya sale con forma y fondo de poema, muchas veces ya casi cocinado. En el caso de los poemarios que giran en torno a un tema único es distinto, hay una intención previa, una estructura inicial desde la que me predispongo para hurgar en ese tema, pero siento que lo que se me revela supera mi diseño original, y muchas veces incluso va en sentido contrario al mismo.

En narrativa, el tema me tiene que interpelar, me tengo que identificar, que despertar mi más honda sensibilidad y sobre todo me tiene que obsesionar. Cuando me doy cuenta que estoy pensando en algo durante horas en el día y que por la noche sigo soñando con lo mismo, y pasan los meses y el tema sigue dando vueltas dentro mío y no me suelta, es señal de que tengo que ponerme a trabajar en él. El problema es que me interesan muchos temas, y me gustaría abordarlos a todos. Pero como todo en la vida, hay que elegir. Y en eso estoy.

 

Lavandera

 Abrí el bolso de viaje de mi hijo

saqué su ropa

y toda esa casa volvió de golpe

a impregnar el aire de la mía.

 

Olí las mañanas entre los pinos

y las tardes en caminos ignotos de la sierra

y también los libros

los viejos estantes sin leer

y las camas tendidas para nadie en el invierno.

 

Pero en la ropa estaba también la mugre

las puertas envenenadas

y las fichas del juego quemándose en la chimenea.

 

De su saquito azul

me vino el canto del benteveo

y la persiana negra

el mármol de la montaña

y la fresca inocencia de la luna.

Olí las noches sorteando víboras en las espinas del parque

y vos y yo que éramos alguien

aún sabiendo que la luna marchitaba

nos abrazábamos

y decíamos que sí

ante ese brillo blanco de la despedida.

 

Ahora mi hijo

recién llegado

me cuenta lo vivido

y se niega

a recordar mis recuerdos.

 

Y me habla de esa casa como si yo fuese ciega.

 

Entonces

arrojo en el lavarropas

todo lo que trajo.

Él presiona el botón

y juntos nos sentamos

a mirar

cómo dan vueltas

entre la espuma

los espíritus.

 

Y se lava el sepulcro

y se blanquea la tarde

y mientras él juega con su caballito de madera

yo tiendo en la soga

la ropa limpia

inodora

y el sol incendia

por fin

el patio de esta nueva casa.

 – ¿Amás viajar, qué significado tiene para vos, es diferente al de hacer solo turismo?

 – De chica me gustaba meterme en lugares desconocidos, cuanto más raros, mejor. Apenas terminé la secundaria hacía trabajos temporarios para juntar plata y viajar. Mis primeros viajes fueron iniciáticos por Centroamérica, Europa, y Sudeste asiático; este último fue una gran bisagra en mi vida. Tenía 20 años, viajé con una prima mía, italiana, y fue una experiencia intensa, hermosa, de mucho aprendizaje y cambio que de alguna manera influyó en todos mis viajes futuros. Viajar es dejar de ser uno para ser uno en el otro. Reconocerse hasta en la aldea más remota de la tierra, porque las culturas pueden ser distintas, pero la emoción humana es la misma, siempre. Soy buscadora de historias, viajar me llena la cabeza de relatos, y al mismo tiempo me hace crecer.

Contame de Música griega, tu último libro…

– En Música griega, el viaje físico por Grecia es de alguna manera una excusa, un disparador, para hablar de otra cosa. Está dividido en cuatro partes: tres partituras (Oráculos, revelaciones y sentencias) y una sección entre la partitura 2 y 3 que llamé “Adagios con un niño”, y tiene un tono bastante distinto del resto, nace de frases y anécdotas de mi hijo que me inspiraron y el tono es más tierno si se quiere; porque en general, creo, es un libro intenso, fuerte, descarnado por momentos. En la última parte, “Sentencias”, predominan los poemas en torno a la mujer y su complejo y sufrido linaje. Por eso el último poema está dedicado a una mujer que ha hecho de su vida un viaje hacia estas profundidades, una luchadora, Teresa Leonardi, la Kuki, cuya música seguirá sonando siempre en las esferas de la poesía.

 

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