Nicanor Parra, EL ANTIPOETA

Nicanor Parra, fue un hombre polifacético, que se dedicó a la poesía, las matemáticas y la física con similar éxito y reconocimiento. Dos mundos opuestos y en ambos, brilló. Falleció hace pocos meses, a la edad de 103 años.

Nació en Chile en el año 1914, en una familia donde se respiraba arte: su padre era docente y, al igual que su madre, sentía una gran pasión por la música. A los 18 años de edad consiguió una subvención para completar sus estudios humanísticos en la capital, donde tuvo la oportunidad de relacionarse con otros intelectuales de gran importancia para el arte de su país. Más tarde comenzó diversas carreras universitarias, aunque finalmente se decantó por Matemáticas y Física; una vez recibido, fue catedrático e incluso director durante mucho tiempo. En su vida, la formación académica ocupó un lugar primordial; en más de una ocasión viajó al extranjero para realizar cursos, siempre a través de becas.

Desmitifador de la sociedad a través de un humor irónico, pone en evidencia la ridiculez del hombre burlándose también de sí mismo. Trataba de romper con la poesía tradicional de su país, encabezada por autores como Vicente Huidobro, Pablo Neruda y Pablo Rokha. De allí que sea el creador de  la antipoesía  , que era para él un tipo de poesía sencilla, coloquial, sin grandes circunloquios, a veces incluso narrativa.

En 1948 mientras era nombrado director interino de la Escuela de Ingeniería publicó sus primeros antipoemas y en 1954 publicó su obra más influyente: “Poemas y antipoemas”

En 1969 recibió el Premio Nacional de Literatura y en 1972 fue postulado por primera vez al premio Nobel de Literatura. En 1991 recibió en México el Premio Juan Rulfo y en 2001 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

SUS POEMAS

Cartas a una desconocida

Cuando pasen los años, cuando pasen

los años y el aire haya cavado un foso

entre tu alma y la mía; cuando pasen los años

y yo sólo sea un hombre que amó,

un ser que se detuvo un instante frente a tus labios,

un pobre hombre cansado de andar por los jardines,

¿dónde estarás tú? ¡Dónde

estarás, oh hija de mis besos!

 

 

 

Defensa de Violeta Parra

Dulce vecina de la verde selva

Huésped eterno del abril florido

Grande enemiga de la zarzamora

Violeta Parra.

 

Jardinera

locera

costurera

Bailarina del agua transparente

Árbol lleno de pájaros cantores

Violeta Parra.

 

Has recorrido toda la comarca

Desenterrando cántaros de greda

Y liberando pájaros cautivos

Entre las ramas.

 

Preocupada siempre de los otros

Cuando no del sobrino

de la tía

Cuándo vas a acordarte de ti misma

Viola piadosa.

 

Tu dolor es un círculo infinito

Que no comienza ni termina nunca

Pero tú te sobrepones a todo

Viola admirable.

 

Cuando se trata de bailar la cueca

De tu guitarra no se libra nadie

Hasta los muertos salen a bailar

Cueca valseada.

 

Cueca de la Batalla de Maipú

Cueca del Hundimiento del Angamos

Cueca del Terremoto de Chillán

Todas las cosas.

 

Ni bandurria

ni tenca

ni zorzal

Ni codorniza libre ni cautiva

solamente tú

tres veces tú

Ave del paraíso terrenal.

 

Charagüilla gaviota de agua dulce

Todos los adjetivos se hacen pocos

Todos los sustantivos se hacen pocos

Para nombrarte.

 

Poesía

pintura

agricultura

Todo lo haces a las mil maravillas

Sin el menor esfuerzo

Como quien se bebe una copa de vino.

 

Pero los secretarios no te quieren

Y te cierran la puerta de tu casa

Y te declaran la guerra a muerte

Viola doliente.

 

Porque tú no te vistes de payaso

Porque tú no te compras ni te vendes

Porque hablas la lengua de la tierra

Viola chilensis.

 

¡Porque tú los aclaras en el acto!

 

Cómo van a quererte

me pregunto

Cuando son unos tristes funcionarios

Grises como las piedras del desierto

¿No te parece?

 

En cambio tú

Violeta de los Andes

Flor de la cordillera de la costa

Eres un manantial inagotable

De vida humana.

 

Tu corazón se abre cuando quiere

Tu voluntad se cierra cuando quiere

Y tu salud navega cuando quiere

Aguas arriba!

 

Basta que tú los llames por sus nombres

Para que los colores y las formas

Se levanten y anden como Lázaro

En cuerpo y alma.

 

¡Nadie puede quejarse cuando tú

Cantas a media voz o cuando gritas

Como si te estuvieran degollando

Viola volcánica!

 

Lo que tiene que hacer el auditor

Es guardar un silencio religioso

Porque tu canto sabe adónde va

Perfectamente.

 

Rayos son los que salen de tu voz

Hacia los cuatro puntos cardinales

Vendimiadora ardiente de ojos negros

Violeta Parra.

 

Se te acusa de esto y de lo otro

Yo te conozco y digo quién eres

¡Oh corderillo disfrazado de lobo!

Violeta Parra.

 

Yo te conozco bien

hermana vieja

Norte y sur del país atormentado

Valparaíso hundido para arriba

¡Isla de Pascua!

 

Sacristana cuyaca de Andacollo

Tejedora a palillo y a bolillo

Arregladora vieja de angelitos

Violeta Parra.

 

Los veteranos del Setenta y nueve

Lloran cuando te oyen sollozar

En el abismo de la noche oscura

¡Lámpara a sangre!

 

Cocinera

niñera

lavandera

Niña de mano

Todos los arreboles del crepúsculo

Viola funebris.

 

Yo no sé qué decir en esta hora

La cabeza me da vueltas y vueltas

Como si hubiera bebido cicuta

Hermana mía.

 

Dónde voy a encontrar otra Violeta

Aunque recorra campos y ciudades

O me quede sentado en el jardín

Como un inválido.

 

Para verte mejor cierro los ojos

Y retrocedo a los días felices

¿Sabes lo que estoy viendo?

Tu delantal estampado de maqui.

 

Tu delantal estampado de maqui

¡Río Cautín!

¡Lautaro!

¡Villa Alegre!

¡Año mil novecientos veintisiete

Violeta Parra!

Pero yo no confío en las palabras

¿Por qué no te levantas de la tumba

A cantar

a bailar

a navegar

En tu guitarra?

 

Cántame una canción inolvidable

Una canción que no termine nunca

Una canción no más

una canción

Es lo que pido.

 

Qué te cuesta mujer árbol florido

Álzate en cuerpo y alma del sepulcro

Y haz estallar las piedras con tu voz

Violeta Parra

 

Esto es lo que quería decirte

Continúa tejiendo tus alambres

Tus ponchos araucanos

Tus cantaritos de Quinchamalí

Continúa puliendo noche y día

Tus toromiros de madera sagrada

Sin aflicción

sin lágrimas inútiles

O si quieres con lágrimas ardientes

Y recuerda que eres

Un corderillo disfrazado de lobo.

 

 

Cronos

En Santiago de Chile

Los

días

son

interminablemente

largos:

 

Varias eternidades en un día.

 

Nos desplazamos a lomo de mula

Como los vendedores de cochayuyo:

Se bosteza. Se vuelve a bostezar.

 

Sin embargo las semanas son cortas

Los meses pasan a toda carrera

Ylosañosparecequevolaran.

 

Cambios de nombre

A los amantes de las bellas letras

Hago llegar mis mejores deseos

Voy a cambiar de nombre a algunas cosas.

 

Mi posición es ésta:

El poeta no cumple su palabra

Si no cambia los nombres de las cosas.

 

¿Con qué razón el sol

Ha de seguir llamándose sol?

¡Pido que se llame Micifuz

El de las botas de cuarenta leguas!

 

¿Mis zapatos parecen ataúdes?

Sepan que desde hoy en adelante

Los zapatos se llaman ataúdes.

Comuníquese, anótese y publíquese

Que los zapatos han cambiado de nombre:

Desde ahora se llaman ataúdes.

 

Bueno, la noche es larga

Todo poeta que se estime a sí mismo

Debe tener su propio diccionario

Y antes que se me olvide

Al propio dios hay que cambiarle nombre

Que cada cual lo llame como quiera:

Ese es un problema personal.

 

Hay un día feliz

A recorrer me dediqué esta tarde

Las solitarias calles de mi aldea

Acompañado por el buen crepúsculo

Que es el único amigo que me queda.

Todo está como entonces, el otoño

Y su difusa lámpara de niebla,

Sólo que el tiempo lo ha invadido todo

Con su pálido manto de tristeza.

Nunca pensé, creédmelo, un instante

Volver a ver esta querida tierra,

Pero ahora que he vuelto no comprendo

Cómo pude alejarme de su puerta.

Nada ha cambiado, ni sus casas blancas

Ni sus viejos portones de madera.

Todo está en su lugar; las golondrinas

En la torre más alta de la iglesia;

El caracol en el jardín, y el musgo

En las húmedas manos de las piedras.

No se puede dudar, éste es el reino

Del cielo azul y de las hojas secas

En donde todo y cada cosa tiene

Su singular y plácida leyenda:

Hasta en la propia sombra reconozco

La mirada celeste de mi abuela.

Estos fueron los hechos memorables

Que presenció mi juventud primera,

El correo en la esquina de la plaza

Y la humedad en las murallas viejas.

¡Buena cosa, Dios mío!; nunca sabe

Uno apreciar la dicha verdadera,

Cuando la imaginamos más lejana

Es justamente cuando está más cerca.

Ay de mí, ¡ay de mí!, algo me dice

Que la vida no es más que una quimera;

Una ilusión, un sueño sin orillas,

Una pequeña nube pasajera.

Vamos por partes, no sé bien qué digo,

La emoción se me sube a la cabeza.

Como ya era la hora del silencio

Cuando emprendí mi singular empresa,

Una tras otra, en oleaje mudo,

Al establo volvían las ovejas.

Las saludé personalmente a todas

Y cuando estuve frente a la arboleda

Que alimenta el oído del viajero

Con su inefable música secreta

Recordé el mar y enumeré las hojas

En homenaje a mis hermanas muertas.

Perfectamente bien. Seguí mi viaje

Como quien de la vida nada espera.

Pasé frente a la rueda del molino,

Me detuve delante de una tienda:

El olor del café siempre es el mismo,

Siempre la misma luna en mi cabeza;

Entre el río de entonces y el de ahora

No distingo ninguna diferencia.

Lo reconozco bien, éste es el árbol

Que mi padre plantó frente a la puerta

(Ilustre padre que en sus buenos tiempos

Fuera mejor que una ventana abierta).

Yo me atrevo a afirmar que su conducta

Era un trasunto fiel de la Edad Media

Cuando el perro dormía dulcemente

Bajo el ángulo recto de una estrella.

A estas alturas siento que me envuelve

El delicado olor de las violetas

Que mi amorosa madre cultivaba

Para curar la tos y la tristeza.

Cuánto tiempo ha pasado desde entonces

No podría decirlo con certeza;

Todo está igual, seguramente,

El vino y el ruiseñor encima de la mesa,

Mis hermanos menores a esta hora

Deben venir de vuelta de la escuela:

¡Sólo que el tiempo lo ha borrado todo

Como una blanca tempestad de arena!

 

No creo en la vía pacífica

 

no creo en la vía violenta

me gustaría creer

en algo pero no creo

creer es creer en Dios

lo único que yo hago

es encogerme de hombros

perdónenme la franqueza

no creo ni en la Vía Láctea.