Por Cristina Vazquez
Este es un homenaje a una poeta que transitó el ejercicio del asombro ante sus letras. Degustadora incansable del arte de escribir, su secreta sílaba, su palabra, fueron siempre la substancia propia de su alma. Percibió el mundo y lo tocó como si su boca y su lengua se formaran tan solo para decir su existencia.
En víspera de un nuevo aniversario de su natalicio, cuando casi cumplía 99 años, inició su viaje hacia la eternidad. Quizás partió exclamando…»Y yo me iré, y se quedarán los pájaros cantando» – Juan Ramón Jiménez.
Allá estará, en su morada celeste.
Aquí la recuerdo con todos los sentires que se asomaban en el proceso de su escritura, la delicadeza con que trataba cada palabra, la honestidad y el respeto que ponía de manifiesto al corregir los poemas de mi libro (“Sitial de Amor y de Otras Razones”) hasta que llegó la hora de la edición. Fue una intervención divina, eternamente agradecida. Eternamente.
Yace su legado, testigos fieles sus manuscritos se presentan cuál leyenda y nos narran su larga vida, a cada paso
Y cuando le tocó transitar senderos difíciles, sus poemas nacían al leve vuelo de su alma. Caminaba entre letras transmitiendo amor por ellas y, cuando el dolor la oprimía, la convocaba ese insomne oficio. Esa rara mezcla de vocación y elección.
Así ocurrió en noviembre de 2005, ante la delicada salud de su querido «Pepito», su esposo. Y escribía el poema
Desde tu Mar Rojo
«El infierno son los otros»
Jean-Paul Sartre
Para mi Pepe,
por los avatares de su resentida salud.
«El guiño
que sobre el cuenco de tu vida / vida,
dibuja paciente y solemne
la Matrona Parca.
¡Amor!
Digo: de tu vida / vida.
Y al cabo apunto:
¡Escúchenme, amigos!
Los que me están siguiendo
en esta contienda,
los que conocen punto por punto
la trama kafkiana
de esta insólita parafernalia
que nos amadeja/que nos consume.
¡Oídme, Amigos!
Esa vida / vida que es la de él,
y por ¡tanto tiempo! de andar aparejados,
es también la mía…»
Nos comparte en su devenir, en ese su lenguaje coloquial – amoroso sus profundos sentires. Nos describía de manera perfecta la relación con el otro y nos mostraba una cara del amor.
Cuando dice:
«La misma morada / amalgamada,
los mismos dos rostros
que se han tornado/transmutado,
en uno solo…
(…)
Musitando un amor / amor.»
Su poesía nos trasladaba a la música del amor profundo.
A Nelly le tocó transitar senderos difíciles, donde salía su alma guerrera ¡Catapultando urgencias! y transformando el dolor en poesía.
Al llegar a sus ochenta años dió gracias al Señor por su anchurosa y bendita vida. Y parafraseándola, sigue:
«Por mi honrosa familia,
que me enseñó cómo narrarla
a través de tu verdad y del arte.
Por el amor.
Por las amistades inmarcesibles.»
En las confesiones de sus poemarios discurría:
«Yo no sé si estuve aquí
sobre este día,
caminando la infancia
que me queda tras los ojos.
(…)
O si acaso
olvidé mi tercer nombre
y no supe si Paula me llamaban
desde un tiempo primario
o bautismal.»
Quisiera enhebrar las imágenes de su infancia, deshacer las murallas de su nombre para asomarme a ese tierno segmento de su vida en el que jugaba con su hermana, cuando las letras eran de colores. La invitaban.
De niña cumplía el aforismo de su madre. En profunda introspección, en su poemario aludía:
Canto de la rama nueva a su árbol
A mi madre
«Nada soy
que tú no seas.
Todo el mundo que hubo y que hay en tus aguas
también lo llevo en mi fontana.
Traigo tu risa de ayer
fresca en mis ojos.
Nada tengo
que no me dieras.
Esa soy,
tu rama.
Llevo el canto de la niña que fuiste,
que yo lo digo ahora.
Mira entonces:
nada soy
que tú no seas.»
Decidora de sus padres y abuelos, su rostro se ilumina cuando en una alegoría refería:
Del segundo apellido
«Ahora,
desde la vieja mecedora,
los abuelos me sonríen.
Ahora,
la sangre arquitecta sentimientos
tiende en poema su fuerza trascendente.
Ahora,
ya ves,
guardador de apellido,
eres patriarca.»
En él, escaneaba sus antepasados y recordaba:
«Vuelven entonces
los rostros, las figuras de idénticos rasgos,
las palabras, los gestos, las ideas
que ustedes burilaron.»
Ensimismada, dibujaba y presentía, cómo un ángel caminaba por sus pupilas y le dejaba cual destino, el oficio de escribir, la visita la poesía, que es aritmética multiplicada, la que suma y nunca resta.
Conoció el amor junto a su querido Pepito. Una vida entera para abarcarlo. Juntos construyeron una familia.
En uno de sus poemas confesaba:
«Para quien puebla mis días.
Tengo la edad
de haber andado
y estar andando así,
de frente.
(…)
Pero ¡cómo se crece
en el amor entero
cuando el amor nos nombra
en la palabra nueva
que es la palabra vieja,
la de todos los días!»
Peregrina de su derrotero, lo hacía con su figura siempre simpática, cubierta con la magia de un juego de colores nunca antojadizos. En fechas especiales concurría al encuentro de sus seres queridos llevando entre sus manos un bouquet de no me olvides, de pimpollos o de rosas, que asomaban entre servilletas blancas de papel. Con amor las ofrecía de su espacio de belleza enjardinado.
En los campos del amor, manantial de aguas emanan desde la luz ¡su ser madre! Su camino estuvo marcado por la esperanza, la cima, los abismos, el llanto y el eterno vacío del que murió sin muerte o del que nació sin nacer, bendito el Dios que vino a recoger su dolencia y alumbró su camino con la llegada de su hija Celeste, a quien dedicó estos versos:
«Por ello, niña, mi nueva niña,
mientras llegabas me repetía:
ruta de mares, todo un poema,
raíz segunda, raíz pequeña
para mi árbol y el padre tuyo.»
Llegaron luego los nietos y los bisnietos, convocando su ternura en una lluvia de estrellas. Dibujábanse las musas inspiradoras con ellos sin abandonar jamás su oficio, incansable, ¡Mujer Hermosa! la del afecto y la palabra, nunca se apartaba de esa savia del árbol de su vida.
Trabajaba sin tregua, con el alma, la pluma y la cabeza, hasta el último instante.
Su vida permanece como memoria viva de sus letras y la poesía.
Nelly Jara Ávila de Díaz Su legado está vivo en cada palabra que escribió y en cada corazón que tuvo el privilegio de escucharla.
- Nació en Tucumán en 1926.
- Se radicó en Salta en 1947.
- Comenzó a publicar en el diario El Intransigente.
- Integró el grupo femenino de Artes y Letras Tala.
- Fue dramaturga, actriz, escritora, declamadora y promotora cultural.
- Incursionó en el Teatro Phersu, donde se destacó como profesora de declamación.
- Ofreció innumerables recitales de poesía en diversos escenarios.
- Autora del libro “Diapasón de la casa y de los otros”
- Falleció el 27 de junio de 2025.
